lunes, 4 de noviembre de 2019







Connected in sempiternum 
(Conectados para siempre)




Ya cumplí 69 años y digo que llevo 9 años extras. Como hoy me siento contento y relativamente bien, quiero aprovechar para tener una charla con mi cuerpo, expresarle mis agradecimientos por toda esa labor prestada y decirle con sinceridad que si me fuera posible nacer nuevamente, estaría conforme de volverlo a tener, claro, un poquito más estirado si no hay inconveniente. A pesar de todas las vicisitudes vividas y todas las alegrías que hemos disfrutado estamos a punto de alcanzar el séptimo piso y eso, en nuestro medio, es rotundamente un éxito. Esta es sencillamente una despedida porque a estas alturas del partido, no sabemos cuándo va a saltar la liebre.

 ¡Hola Cerebro! ¿Cómo estás amigo mío? Nunca te dije buenos días porque siempre supe que estabas bien, ya que rara vez te he causado dolores de cabeza. Me haz resultado un excelentísimo PC, de esos que se hacían para toda la vida. Debes tener unos buenos archivos, aunque reconozco que la mayor parte de esa información te la envié con retraso, ya casi en mi tercera edad. Pero no fue culpa mía, debes saber que no me era sencillo hallarla. De tu funcionamiento interno y autónomo estoy muy satisfecho, todo ha marchado como un relojito y nuestros amigos así lo atestiguan y alaban la eficiencia de tu departamento de comunicaciones. Por supuesto, sabemos que los años no pasan en vano, dejan secuelas y por ahí se coló algo porque ya no me encuentro al 100%, a veces siento que la lengua demora en responderte porque la memoria temporal (la RAM) está fallando y algunas palabras las pronuncio mal, se me olvida lo que salí a buscar, me falla el pulso y cosas así que llaman “cosas de viejos”. Tus periféricos, que me han permitido apreciar este mundo y vivir esta vida, se han portado muy bien. Cuántas veces y por tantas horas he escuchado música por el solo placer de escucharla y así identificar un instrumento en especial. El oído izquierdo me falló, pero por imprudencia mía. Los ojos ¡Bien! Han vivido su historia y han visto todo lo que debían ver y a veces también lo que no debían. Pero, en fin, ellos están para ver. Aunque ya me están fallando, y eso es apenas normal. Pronto los operarán y así me acompañarán un tiempo más ¡Chao, amigo mío!

• ¡Señora Lengua! ¿Cómo está usted? La humanidad está en deuda con usted y merece que le hagan un desagravio. Se han dicho tantas cosas y solo porque usted inicia o termina las cosas de los demás y nadie se da cuenta de la importancia de su labor. Yo le estoy muy agradecido. Es verdad que algunas veces la he maltratado con uno que otro mordisco consciente o inconsciente, pero también es cierto que la he puesto en lugares donde ha disfrutado verdaderos placeres. Mis respetos para usted.

 ¡Corazón! ¡Hola amigo!  He venido a decirte unas palabras. Pero, por favor, no suspendas tu trabajo y solo escúchame. Te admiro mucho y estoy orgulloso de ti, de tus poderosos músculos, de tus inalterables exclusas y de tus largas y confiables instalaciones. Primero quiero hablarte de esas alegrías y felicidades que hemos compartido y aprovecho para preguntarte ¿Es verdad que tú guardas los sentimientos?  A mí me es difícil aceptar que además de ese trajín que tienes también tengas tiempo para esas cosas. Pero ya una vez viví una situación sentimental y sentí que tú te agitabas y, además, percibí que irradiabas un calor en mi pecho. Yo reconozco que no te he tratado bien, a pesar de saber que está mal, sigo comiendo y comiendo como boga, como decía mi madre. Por eso algunas instalaciones están sufriendo por taponamiento y tú padeciendo una mayor presión. No te juraré, pero haré todo lo posible por corregir esa situación. Ojalá mi amigo cerebro me ayude produciéndome repulsión a los fritos y a la harina, por ejemplo. Bueno mi querido amigo, sigue con tu trabajo. ¡Chao, eres todo un campeón!

 ¡Amiga sangre! ¿Qué tal? Siempre activa y de prisa, no has terminado un tour y ya comienzas otro. Pero bueno, todos esperan que les lleves sus encomiendas, o sea, sus porciones de oxígeno y nutrientes. Me gusta tu color. Sigue tu camino amiga, con la seguridad de que te estoy muy agradecido.    

• ¡Estómago, mi amigo! ¿Cómo estás? ¡Caramba amigo, cómo has crecido! Cuando salgo a la calle te haces más visible que yo porque mis amigos me saludan diciendo: “¡que barriguita!” Te cuento que los médicos definitivamente no gustan de ti, te quieren desaparecer. Mi mujer también protesta y te ve con malos ojos porque a veces te conviertes en un impedimento. Yo quiero preguntarte cómo haces para almacenar tanta comida, pareces bodega de barco mercante. Pero bueno, yo no vine a criticarte. De verdad admiro tu paciencia para recibir tanta comida que te mando, tu voluntad para triturarla y amasarla y esperar abnegadamente el siguiente envío sin importar si está fría o caliente, muy temprano o muy tarde y en ocasiones mal preparadas o pasadas. Por eso cuando protestas y devuelves todo, estoy envainado porque el vómito es algo cruel y tu poderoso ácido me deja la garganta hecha trizas como trapero viejo. En cambio, la diarrea es diferente. Ella tiene dos fases: Una antes de defecar con dolores y truenos que nos hacen retorcer y otra después de defecar que es placentera y algunas veces no queremos pararnos del inodoro y hasta sonreímos. Bueno amigo, te estoy muy agradecido y te pido excusas por mis excesos, aunque no solo yo soy responsable, el ojo tiene mucho que ver con esos excesos.

 ¡Intestinos! Hola muchachos ¿cómo están? ¿Saben ustedes que yo les recuerdo mucho? Cada vez que me paro de la taza veo mis heces y analizo: delgado o grueso pero duro, delgado y blando o líquido. Así sé cómo están ustedes. Si defeco todos los días, créanme, estoy contento, si es día de por medio también, pero cuando pasan dos días o tres como últimamente sucede, me preocupo. Me he descuidado mucho en hacerles una buena limpieza con un purgante de vez en cuando porque soy consciente que por ahí deambulan personajes no muy agradables. De todas formas, quiero decirles que me siento orgulloso de ustedes.

 ¡Hola señor Hígado! ¿Cómo está usted y su centro industrial? Yo espero que bien. Vengo por aquí a presentarle mis respetos y agradecimientos. Debo confesarle, que no le conozco muy bien. Usted es tan silencioso en su labor a pesar de la cantidad de funciones que desempeña, que de verdad casi no lo noto y como usted es tan delicado también, vivo muy temeroso de que mis actitudes le perjudiquen y no me dé tiempo de reconciliarme con usted. Cuántas mañanas me las paso decidiendo en si salgo a caminar y siempre hay una excusa para aplazar la caminata, aunque piense que Diabetes le está haciendo guiños. Perdóneme y aguante un poco más, por favor.

 ¡Riñones! Hola amigos ¿cómo está esa refinería? Cómo me han tratado de bien porque esos dolores de ustedes son bien tesos. Una vez los sentí, pero me mejoré. Nada de piedrecitas ni sangre en la orina. Gracias. Aunque les he dado mucho trabajo con tanta bebedera de agua. Les estoy agradecido.

 ¡Pulmones! ¡Qué tal, amigos! ¿cómo están? Por favor sigan trabajando mientras conversamos un poco. Ustedes también han sido muy benévolos conmigo. Ya he tenido ocasión de vivir los efectos de una suspensión de sus servicios, pero han sido tan buenos conmigo que han seguido trabajando ¿Será porque yo me he portado bien con ustedes? Sí, fumé un tiempo, pero abandoné el tabaco a tiempo. Bueno, sigan capturando oxígeno que todavía eso no lo cobran y nuestros amigos estarán muy agradecidos.
 ¡Señor Páncreas! ¿Cómo le ha ido a usted? Créame que le estoy muy agradecido por su trabajo. Por eso, y al igual que al estómago, le presento mis disculpas.  

 ¡Próstata! ¿Qué tal? se dicen tantas cosas de ti. Yo he leído mucho para conocerte mejor y saber si te estoy perjudicando. Se dice que el exceso de sexo te perjudica, sin embargo, tú te mantienes firme. Y te lo agradezco porque tu examen no me gusta nada nada.

 ¡Testículos! Amigos ¿Cómo están? ustedes son tan sensibles con el clima. Suben si hace frío, se descuelgan si hay calor y todo para preservar la especie. Vuestra fábrica de espermatozoides ha tenido tanta producción conmigo que me asombro que todavía esté en actividad, no igual, por supuesto, pero aún lo sienten cuando los expulso.

 ¡Pene! ¡Mi amigo de mil batallas! Señor Pene, mis respetos y me quito el sombrero ante usted ¡Qué tenacidad! ¡Cuánta demostración de energía! A veces solo por un pensamiento ¡Caramba! Quisiera saber por qué tantos nombres. Hace unos dos años pensé que habías tirado la toalla cansado de tanto trajín… pero ¡qué va! Como el Ave Fénix te levantaste. Todo por una medicina que me mandaron por un golpe que sufrí en la cabeza, en una caída. Y la medicina como que se equivocó de cabeza ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra! 

  ¡Señor ustedQué pena, no piense que lo había olvidado, es que como usted está de último y como nunca lo he visto, pero le doy su saludo de mano casi todos los días. El emoticón de cara roja me recuerda a usted, porque así debe estar al día siguiente que me he hartado de cerveza o aguardiente con limón. De todas formas, mis agradecimientos, porque si usted no existiera….